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Un Consejo Bíblico

7984 - 16 de noviembre, 2017

7984 -  16 de noviembre, 2017   (5374)     

La vez pasada comenzamos la lectura y estudio del Salmo 119, que no sólo es el capítulo más largo de toda la Biblia, sino que cada uno de sus 176 versículos contiene una referencia específica a la Palabra de Dios.  Además, este Salmo está dividido en 22 secciones, cada una encabezada por una letra del alfabeto hebreo.

Veamos ahora, en los versos 33 al 40. o sea la cuarta sección, algunas maneras como la Palabra de Dios nos ayuda en nuestra vida diaria. 

Comenzando con el verso 33, el Salmista le pide a Dios que no sólo le enseñe su Palabra sino que le ayude a comprenderla; y a su vez le promete obedecerla de corazón.   En los versos 35 y 36 del Salmo 119, él reitera su deseo de obedecer la Palabra de Dios, y le pide a Dios que le guíe por el camino de sus mandamientos, y más aún, que incline su corazón hacia los estatutos de Dios y no a la avaricia.

Luego el Salmista reconoce su propensidad a distraerse.  Así es que en los versos 37 y 38 del Salmo 119 le pide a Dios,   "Aparta mis ojos, que no vean la vanidad;  avívame en tu camino.  Confirma tu palabra a tu siervo, que te teme."

Aquí el Salmista se acuerda que otros quizás no aprecien que Dios esté obrando en y a través de su vida; y que hasta se le opongan.  Así es que ora, según los versos 39 y 40:  "Quita de mí el oprobio que he temido, porque buenos son tus juicios.  He aquí yo he anhelado tus mandamientos; vivifícame en tu justicia."  

Al estudiar este Salmo 119,  ¿se siente usted como un partícipe de esta jornada del Salmista, quien con apertura y honestidad comparte los detalles de su propio peregrinaje en busca del crecimiento y la madurez espiritual?  Si esta es su situación, ¿comprende lo importante que es meditar en la Palabra de Dios día y noche?

 

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