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Un Consejo Bíblico

7991 - 27 de noviembre, 2017

7991 -  27 de noviembre, 2017   (5381)   

 ¿Ha escuchado alguna vez a alguien decir,  "Yo creo en el Dios del Nuevo Testamento, pero no creo en el Dios del Antiguo Testamento."    Para ellos, el Dios del Nuevo Testamento es un Dios de amor, mientras que el Dios del Antiguo Testamento es un Dios de ira.  Si eso es lo que piensa usted, permítame animarle a leer el Salmo 136.    Son 26 veces en sus 26 versículos, que el Salmista declara,  "Porque para siempre es su misericordia."   La intención de tanta repetición es, sin duda para darnos razón para agradecer a Dios,   Él es el Dios que ha creado todo lo que existe.  Él es el Dios que nos protege de nuestros enemigos.  Él es el Dios que provee todo lo que necesitamos; y que nunca nos olvida, no importa cuál sea nuestra situación.  

Es verdad que al hacer todas estas cosas, hay veces en que destruye a nuestros enemigos.   Pero tales expresiones de ira, son realmente,  gloriosas manifestaciones de su amor duradero.

El Dios del Antiguo Testamento es el mismo Dios que es revelado en el Nuevo Testamento. Él nunca cambia.  Su amor perdura para siempre,   Por naturaleza, "Dios es amor."  Es amor que da de sí mismo, y que se interesa en el bienestar de la persona amada.   Está dispuesto a pagar todo el precio que sea para lograrlo.   Esta es la verdad tanto en  el Antiguo Testamento, como también en el Nuevo Testamento.  Y siendo que esta es la verdad, permítame animarle a confiar totalmente en Él, como su Creador, su Redentor, Salvador y Proveedor.   Entonces, agradézcale por todo lo que ha hecho y sigue haciendo por usted, tal como el Salmista nos aconseja aquí en el Salmo 136; especialmente agradézcale por su amor que ha demostrado por usted, y que permanecerá para siempre.

 

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