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Un Consejo Bíblico

8060 - 2 de marzo, 2018

8060 - 2 de marzo, 2018  (5472)          ,

 

Siempre me siento impactado cuando leo las primera palabras del capítulo 64 del libro profético de Isaías:   "¡.Oh si rompieses los cielos, y descendieras…!"   .   Cada vez que pareciera que el mal esté arrollando con todo en este mundo, me siento listo para exclamar, junto con el profeta Isaías:   "¡Oh si rompieses los cielos, y escendieras…!

O cuando veo a la iglesia impotente ante los desafíos que encara hoy en día, quiero gritar:  "¡Oh si rompieses los cielos, y descendieras…!  Y aún más, cuando veo la indiferencia y la frialdad de mi propio corazón:  "¡Oh si rompieses los cielos, y descendieras…!"

En Isaías 64:4, el profeta prosigue así:   "Ni nunca oyeron, ni oídos percibieron, ni ojo ha visto a Dios fuera de ti, lo que hiciste por élque en ti espera."     Yo creo que ese es el secreto, llamar a Dios para que venga y actúe; y entonces esperar en Él.   Lo que pasa es que nuestra tendencia es a impacientarnos.  Creemos que Dios debe cumplir con nosotros sólo debido a nuestros esfuerzos por vivir correctamente.  Pero entonces, mientras esperamos ante su presencia, nos damos cuenta que somos nosotros quienes hemos fallado.   

La verdad es que según Isaías 64:6, "Todas nuestras justicias son como trapos de inmundicia…"    O sea que Dios no actúa porque nosotros seamos justos.  Dios actúa porque Él es nuestro Padre.   El verso 8 de Isaías 64 dice:   "Ahora pues Jehová tú eres nuestro Padre;nosotros barro, y Tú, el que nos formaste; así que obra de tus manos somos todos nosotros."  

Clame ahora a Dios, y pídale que venga y actúe.  Espere en Él.  Y ríndase como el barro en las manos del alfarero.  Permita que Él le moldee como una vasija que Él pueda usar.  Confíe en Él.  ¡No será defraudado! 

 

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