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Un Consejo Bíblico

8087 –10 de abril, 2018

 8087 –10 de abril,  2018  (5478)        

Al leer Jeremías 9:23 y 24 me acordé de lo que dice en Primera Corintios, capítulo uno, versículos 27 al 29.  La iglesia de la ciudad de Corinto era una iglesia con muchos dones espirituales, pero allí había entrado: disensión, orgullo y envidia al estimar que ciertos dones eran más importantes que otros.  El apóstol Pablo tuvo que recordarles que: "Dios escogió lo necio del mundo para avergonzar a los sabios, y lo débil del mundo escogió Dios, para avergonzar a lo fuerte; y lo vil del mundo y lo menospreciado escogió Dios, y lo que no es, para deshacer a lo que es, a fin de que nadie se jacte en su presencia."

Ahora, escuchemos estas palabras de Jeremías 9:23 y 24   "Así dijo Jehová: no se alabe el sabio en su sabiduría, ni en su valentía se alabe el valiente, ni el rico se alabe en sus riquezas.  Más alábese en esto el que se hubiere de alabar: en entenderme y conocerme, que yo soy Jehová, que hago misericordia, juicio y justicia en la tierra; porque estas cosas quiero, dice Jehová."

Si comparamos estos dos pasajes bíblicos similares, veremos que nos ayudarán a comprender mejor lo que cada uno dice.  Nuestra relación con Dios siempre debe ser lo más importante en nuestra vida.  Él es quien debe recibir todo nuestro honor, gloria y alabanza.  Dios no compartirá su gloria con nadie. 

Si somos sabios, no nos olvidemos que nuestra sabiduría es un don de Dios.  Debemos darle toda la gloria a Él.  Si tenemos fuerzas o energía, éstas son un don de Dios.  Démosle a Él la gloria.  Si tenemos riquezas, éstas son un don de Dios.   Démosle a Él toda la gloria.

Y aún más importante, si comprendemos y conocemos a Dios y Su carácter, esto es también un don de Dios.  Disfrutemos este privilegio, pero siempre, démosle a Él toda la gloria.

 

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