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Un Consejo Bíblico

8017 - 22 de mayo, 2018

   8017 - 22 de mayo, 2018  (5508)

Al llegar al final del libro profético de Ezequiel, vemos que hay aquí un giro radical en la relación entre Dios y su pueblo.  Dios se había apartado del templo en que habitaba, como también de la ciudad de Jerusalén.  El templo fue destruido, y de Jerusalén sólo quedaban escombros.  Ezequiel había sido exiliado juntamente con muchos otros israelitas.  El futuro se veía oscuro, y sin esperanza. 

Sin embargo, Dios le había prometido un gran futuro a Israel.  Además le dió a Ezequiel un vistazo de cómo sería ese futuro.   Leemos en los primeros versículos de Ezequiel, capítulo 43: "Me llevó a la puerta, la puerta que mira hacia el oriente; y he aquí la gloria del Dios de Israel, que venía del oriente; y su sonido era como el sonido de muchas aguas, y la tierra resplandecía a causa de su gloria.   Y el aspecto de lo que vi era como una visión, como aquella visión que vi cuando él vino para destruir la ciudad; y las visiones eran como la visión que vi junto al río Quebar; y me postré sobre mi rostro. Y la gloria de Jehová entró en la casa por la vía de la puerta que daba al oriente. Y me alzó el espíritu y me llevó al atrio interior; y he aquí que la gloria de Jehová llenó el templo."

Es interesante notar que esa puerta que mira hacia el oriente, y que usara Dios, todavía existe, y es visible desde el huerto de Getsemaní ..Al llegar a la última frase en el libro de Ezequiel leemos"Y el nombre de la ciudad desde aquel día será Jehová-Sama,  o sea, Jehová está allí".  ¡Qué promesa más gloriosa!  El plan de Dios es, acompañar a su pueblo, permaneciendo con todos los que le reconozcan como su Salvador y Señor.  

Él también quiere ser parte de su vida.  Si usted se vuelve a Él y confía en Él, Dios entrará en lo más íntimo de su ser, y nunca le abandonará.  Según Colosenses 1:27 Dios promete:  "Cristo en vosotros, la esperanza de gloria."

 

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