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Un Consejo Bíblico

8130 – 8 de Junio, 2018

8130 – 8 de Junio, 2018  (5521)

Al leer el libro de las profecías de Daniel, vemos en el capítulo 2 que el rey Nabucodonosor había soñado un sueño. Él llamó a los astrólogos y magos de su corte para que, no sólo interpretasen el significado de su sueño, sino que le digan qué fue lo que había soñado; ya que a Nabucodonosor se le había olvidado. 

Éstos le contestaron, según Daniel 2:10:  "No hay hombre sobre la tierra que pueda declarar el asunto al rey;  además esto, ningún rey, ningún príncipe ni señor preguntó cosa semejante de ningún mago, ni astrólogo, ni caldeo.   Porque el asunto que el rey demanda es difícil, y no hay quien pueda declarar al rey, salvo los dioses cuya morada no es con la carne."

¡Que confesión!   Mientras que usted lea el libro de Daniel, verá que es obvio que esos dioses no moraban entre los hombres, pues sólo eran ídolos hechos por manos humanas.  Por eso no pudieron ayudar cuando los astrólogos y los magos clamaban a ellos.   Al observar las vidas de Sadrac, Mesac y Abed-nego, quienes estaban dispuestos a mantenerse firmes como seguidores fieles de Dios, aún ante las amenazas de Nabucodonosor de lanzarlos al horno ardiente si no le adoraban a él;  ellos sabían que Dios estaría con ellos... y no fueron decepcionados.

Después que Nabucodonosor mandara que fueran echados dentro del ardiente horno, él no vio a tres hombres allí, sino cuatro. El cuarto era Dios, quien estuvo allí para salvarlos.    Por otra parte, cuando Daniel fue lanzado al foso de los leones, él tampoco estuvo solo ya que Dios estaba con él. 

Nosotros también podemos tener la misma esperanza si confiamos en Jesús como nuestro Salvador y Señor.  Él nunca nos dejará ni nos desamparará.  Tenemos un Dios viviente, quien está disponible y presente, en, y con nosotros durante cada momento de cada día.  Agradézcale y alábele.

 

 

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